Trasplantado de corazón, ciclista de élite

Antonio, ejemplo de superación y perseverancia. Estará en “La Peña Cabarga” enseñándonos a disfrutar del ciclismo y de la vida.

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«Cuando me desperté de la anestesia todo mi cuerpo parecía se convulsionaba, incluso movía la camilla. Cuando entré al quirófano apenas tenía masa muscular pero los latidos del corazón que acababan de trasplantarme eran capaces de mover todo mi cuerpo».

Con 29 años Antonio Ontoso (Aranda de Duero, 1971), apenas podía moverse; su corazón no se lo permitía. Ahora, 12 años después, este arandino de 41 años, pedalea al mismo ritmo, a 180 pulsaciones por minuto gracias a los latidos de un corazón anónimo. Es el intercambio de vida que se produce en un quirófano entre quien muere y quien empieza a vivir.

«A los 23 años me diagnosticaron una miocardiopatía dilatada y me desplazaron del hospital de Burgos a Valdecilla. Me implantaron un desfibrilador para que el corazón no se parara». Tuvo que dejar de trabajar, «de hecho, me jubilaron con esa edad». Su vida era pura inacción: «Seis años sentado en un sillón, esperando».

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